Aniversario de la Revolución Rusa
De regreso a Octubre: entre la apología y la satanización

Entrevista a Atilio Borón
Por Liliana Demirdjian

Demirdjian: Atilio, ¿cuáles serían las diferentes lecturas que dentro de la teoría marxista se pueden revisar sobre la experiencia de la Revolución Rusa?

Borón: La Revolución Rusa da origen a múltiples debates e interpretaciones muy diferentes, contradictorias, incompatibles entre sí. Algunas totalmente apologéticas, las cuales yo no simpatizo, y otras que las satanizan por completo, con las cuales yo tampoco comparto para nada ese punto de vista. Creo que más allá del balance que todavía no se ha hecho del todo porque todavía no ha pasado suficiente tiempo; aunque pueda parecer un absurdo esto. Pero realmente el balance final de la Revolución Rusa yo creo que todavía no ha sido hecho porque falta ver el desencadenamiento final de algunos procesos.

Yo diría primero a título provisorio en ese balance que evidentemente hay, para mí, un signo positivo porque abrió un periodo completamente nuevo en la historia de la humanidad. Volviendo a Hegel uno podría decir que si tuviera que definir un acontecimiento histórico universal, como a Hegel le gustaba nombrar a veces algunos procesos, éste sin dudas es el más importante de todos. ¿Por qué? Porque es la primera vez que en la historia de la humanidad un pueblo oprimido, explotado, brutalizado —como era el pueblo ruso, los campesinos, los soldados, los obreros— se alza en armas contra sus dominadores, establecen su dominio y durante prácticamente setenta años se convierten en la clase dominante de un experimento social, económico, político, sin precedentes en la historia de la humanidad. Entonces esto, digamos, me parece a mí, un primer resultado que claramente coloca a la Revolución Rusa en el lado de los grandes elementos positivos que hubo en el siglo XX.

En segundo lugar, yo diría que la influencia de la Revolución Rusa, más allá de las deformaciones, los problemas a los cuales luego me refiero, sin duda fue decisiva por ejemplo en lograr la democratización de los Estados capitalistas. No hay ninguna duda que si no hubiera habido la revolución rusa el capitalismo europeo hubiera seguido, básicamente, con las modalidades de organización política que tenía hasta el período previo a la Revolución Rusa. O sea, Estados oligárquicos con una democracia muy restringida, reducida a los varones alfabetos, etc. Y hubiera sido muy difícil que se planteará algo como el Estado keynesiano de bienestar después de la segunda guerra mundial, con esa gran expansión de los derechos laborales, los derechos ciudadanos, —ahora desgraciadamente todo eso se vino para atrás—.  Pero ciertamente ese período de oro, que va del 48′ al 73′, en donde el capitalismo dio lo mejor que podía dar en materia de derechos, de ciudadanía, de democracia política, estuvo decisivamente influenciado por el temor al contagio soviético. Hay que leer a los autores liberales de aquella época en Europa, cuando hablaban espantados por el temor de este contagio soviético que pudiera llegar a producirles en sus países un fenómeno semejante al de la Revolución Rusa.

El tercer elemento importante, que es mucho menos conocido, el modo en que la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos estuvo influenciada por la experiencia soviética. Esto es algo que ahora salió en la literatura a partir de la desclasificación de algunos materiales en la CIA, en donde aparecen varios informes de la misma dirigidos a la Corte Suprema de los Estados Unidos —porque la Corte Suprema había convalidado la segregación racial en las escuelas públicas— en donde les dicen que están teniendo grandes problemas en su acción de propaganda, sobre todo en Europa, porque la segregación racial está desprestigiando al país. Esto fue durante los años 1953, 1954 y 1955 cuando la CIA entiende que la Unión Soviética no se va a derrumbar producto de los costos inmensos que tuvo la guerra. Finalmente, la Corte Suprema declaro la inconstitucionalidad de la segregación racial en las escuelas públicas. Pero la declararon porque los informes de la CIA decían que la Unión Soviética estaba haciendo estragos en Europa, porque tenemos el talón de Aquiles de la segregación racial.

Un cuarto elemento, la ayuda a los procesos de descolonización en África y Asia, y en parte en América Latina. Estos países pudieron sacudirse el yugo colonial en gran parte por el apoyo diplomático, militar, económico, que les dio la Unión Soviética. El Congo Belga es un ejemplo notable, tal vez, el más importante de todos. Y la respuesta de Estados Unidos y Occidente fue brutal, a través de lo que hicieron con Lumumba. No solamente lo mataron. Lo enterraron y a las pocas semanas lo exhumaron, cortaron el cadáver en pedacitos y lo sumergieron en un tanque de ácido sulfúrico. Una cosa tremenda, para que no quedara rastro de este hombre. Volviendo, el Congo y todos esos países africanos pudieron realmente rebelarse contra sus amos coloniales por la ayuda de la Unión Soviética.

Quinto elemento, y último, la guerra de Vietnam. Vietnam sin la ayuda soviética difícilmente hubiera podido derrotar a Estados Unidos. La Unión Soviética no mando un sólo hombre pero mando muchas armas. Y muchas de las armas que permitían, por ejemplo, bajar los aviones americanos eran armas soviéticas. Entonces, me parece, que eso habla claramente de un papel importante; y por supuesto también la contribución que tuvo la Unión Soviética a la derrota del fascismo en Europa. Sin la Unión Soviética, y su papel en la Segunda Guerra Mundial, a Hitler no se lo hubiera parado. Esto del lado positivo. Del lado negativo, indudablemente el proceso se fue degenerando. Se deformó burocráticamente, hubo una desmovilización de los Soviets y del propio Partido Comunista. Se estableció un “marxismo oficial” que realmente no respondía a los cánones de lo que es el método de análisis marxista. Y que era básicamente una ideología para justificar el papel conductor de la Unión Soviética a escala mundial. Duró poco porque en seguida hubo el cisma con los chinos que tenían otras ideas. Pero en todo caso ahí la Unión Soviética no estuvo a la altura de lo que era su promesa en las jornadas de Octubre. Desgraciadamente la deformación burocrática fue muy grande. Esto trajo consigo además un enorme atraso económico. Si bien durante mucho tiempo lograron pegar un gran salto adelante, luego se estancaron y no pudieron recuperar el terreno perdido. Pero, a pesar de eso, la Unión Soviética fue un factor de estabilización de las relaciones internacionales de una enorme importancia.

Demirdjian: La burocratización del proceso revolucionario, ¿cuánto incidió en el desencadenamiento final de la historia de la Unión Soviética?

Borón: Yo creo que hubo dos cosas. Primero, la burocratización le restó la energía vital que tiene que tener un proceso revolucionario que le viene de la capacidad de absorber la fuerza social emergente desde abajo. Quedó en manos de una burocracia. Por supuesto que hay razones de fondo también. No es tan sencillo. Porque al vos administrar una gran empresa de industria pesada, no es una cosa que cualquier persona sabe hacer. O sea, hay un tema del saber, un saber profesional, un saber técnico que no está al alcance de un campesino que tenga la escuela primaria. Entonces hay que tener mucho cuidado con eso. Pero el otro elemento muy importante fue que la deformación de la economía soviética en gran medida tuvo que ver también con la presión que puso Estados Unidos en una carrera militar desaforada —que Estados Unidos podía bancar en gran parte porque descargaba el costo de sus operaciones a través del resto del mundo; del manejo del dólar— mientras que la Unión Soviética tuvo que bancársela sola. De repente la Unión Soviética tenía que dedicar casi la mitad de su presupuesto para la defensa porque sino Estados Unidos lo aplastaba. Estos son elementos que hablan también de las raíces profundas de un proceso de frustración de la Revolución.  De todas maneras, a mi manera de ver, el balance es muy positivo.

Demirdjian: Respecto de las diferentes lecturas que dentro de la teoría marxista han retomado la  experiencia de la Revolución Rusa, ¿cuáles te parecen que son las más importantes?

Borón: Creo que hay básicamente tres modelos interpretativos. Está la tesis oficial del marxismo soviético que plantea, o planteaba, porque se vino abajo, la tesis de que la Unión Soviética había llegado ya a la construcción de la sociedad socialista y estaba en la antesala misma del comunismo. Después está la visión de origen trotskista que plantea que todo aquello se degeneró. Pero además hay en esa lectura toda una cuestión que tenía que ver con la personalidad del liderazgo. Se degeneró por Stalin —para el trotskismo—; sin poder ver realmente cómo fue el proceso histórico, la inserción internacional de la URSS y como eso influyó contra las posibilidades de construir el socialismo en ese país. Y la tercera es la visión que tienen algunos marxistas, con los cuales yo me siento identificado, que hacen un balance más matizado de la experiencia; que es un poco lo que está en la primera pregunta. Reconociendo los logros, las dificultades.

Demirdjian: Y las sujeciones que imponía la época y el concierto internacional.

Borón: Seguro. Era un concierto internacional muy desfavorable. Vos pensá que cuando empieza la República Soviética llegaron a haber 22 ejércitos enemigos arrasando diferentes partes, saqueando diferentes partes de la joven República Soviética. Estamos hablando de los años 1919, 1920, 1921 y 1922. Antes de que estos ejércitos fueran derrotados. Y después tenés la gran depresión, la colectivización forzosa de la agricultura, la purga interna, la muerte de Lenin, el ascenso del fascismo en Alemania. La necesidad de hacer el pacto para evitar la invasión de Hitler. En aquella época fue muy discutido, pero después se demostró que Stalin tenía razón. Porque al hacer el pacto con Hitler logró que el mismo, que tenía ambiciones de conquistar toda Europa, empezará por Occidente. Si empezaba por Oriente acababa con la Unión Soviética. O sea que Stalin en ese sentido demostró ser un tipo mucho más inteligente que la mayoría de los analistas y políticos europeos que decían que era un error. No fue un error, fue un acierto. Obvio, cuando uno piensa un pacto entre Stalin y Hitler es un escándalo desde el punto de vista puro de la teoría marxista. Pero desde el punto de vista de la geopolítica y estrategia de guerra fue un gran acierto. Porque si él no firmaba ese pacto Hitler venía con su ejército absolutamente nuevito a estrenarlo y a acabar con la Unión Soviética. En cambio al hacer el pacto empezó —Hitler— por Polonia, por Bélgica, por Francia, y ganó —Stalin— un año y medio, dos años que le permitió construir una industria militar, mover las grandes fábricas detrás de los gurales. No era ningún tonto. Así que yo más bien me inscribo en esa corriente historiográfica dentro del marxismo que hace un balance que no es una apologética de la Unión Soviética, pero tampoco es la satanización, como hace el trotskismo. Ni tampoco la cosa de decir que todo aquello fue una maravilla.

Demirdjian: Y el tema de la experiencia de la organización de base, los Soviets, esa evaluación, ¿cómo crees que da el balance?

Borón: El balance da negativo porque ahí lo que hubo fue una dinámica compleja. Primero los Soviets tenían una función muy importante. Pero una cosa es una función legislativa, o de organización popular, y otra cosa es la función de gobierno. Ahí lo que se vio muy claramente es que a la hora de funcionar como gobierno los Soviets no tenían la capacidad para hacerlo. Tuvieron que apelar a una organización burocrática en donde el impulso desde abajo llegaba mucho más atenuado, inevitablemente. Vos podes organizar el ejército sobre la base de los Soviets pero llegado el momento en que vos tenés que salir al combate no puede haber un asambleísmo permanente —que era lo que caracterizaba a los Soviets—. ¡Necesitás acción! ¡Necesitás organización! Y ejecución de tareas. Y entonces eso ya es un impulso que te lleva, por motu propio, a creer que necesitas una organización, llamale de algún modo burocrática, para hacer las cosas. Y eso es real. Es un dato indiscutible. Pero entonces los Soviets sirvieron en un momento determinado pero después no tuvieron esa capacidad de hacer las tareas que se suponía que tenían que hacer. Entonces la enseñanza es que es muy difícil. Y a veces hay un romanticismo de la organización desde abajo que es muy común todavía hoy en la experiencia de la izquierda argentina y latinoamericana. Pero cuando vos ves los gobiernos, por ejemplo, de izquierda, y las experiencias concretas de moverse desde abajo encontrás las limitaciones de esto, como por ejemplo, en Bolivia.

Demirdjian: Pero también te encontrás con la encrucijada de organizar los movimientos desde arriba.

Borón: Digamos que no hacés eso, que se sigan organizando desde abajo. Pero lo que ocurrió fue que, por ejemplo en Bolivia, se le transfirieron a estos sectores sociales, los movimientos sociales, más de un centenar de empresas para que las administrarán ellos. Y al cabo de cuatro o cinco años la enorme mayoría, más del 90%, tuvieron que ser reabsorbidas por el Estado, porque las empresas eran todas deficitarias y en muchos casos había habido corrupción, robo y malversación de fondos.

Demirdjian: Dos o tres lecturas te pido Atilio sobre la Revolución hechas desde América Latina que te parezcan significativas.

Borón: Una es la lectura que hicieron los partidos comunistas acá, que fue siempre una lectura muy apologética. Estas lecturas no resistieron las pruebas de la realidad. La otra fue la lectura que hizo el trotskismo, que tampoco dio en el clavo en eso.

Demirdjian: Poco fructífera querés decir.

Borón: Fidel hizo una lectura pero muy cuidadosa. Porque como jefe de Estado él no podía decir todo lo que pensaba. El que tenía una lectura mucho más crítica era el Che. La lectura crítica del Che arranca ya con la Nueva Política Económica (NEP) de Lenin. Él ahí en ese sentido estuvo muy inflexible en sus escritos. Decía que ahí eran yerbas gérmenes del capitalismo. Y decía que el germen del capitalismo produce más capitalismo.

Demirdjian: ¿O sea que con la NEP él ya marca el punto de inflexión?

Borón: Él ya marca el inicio del punto de inflexión donde la Revolución pierde el rumbo.

Demirdjian: ¿O sea que lo pierde tempranamente?

Borón: Lo pierde a los cuatro años, cinco años de haber triunfado. Tiene su mérito la interpretación, aunque me parece que subestima la verdadera dimensión de los gravísimos problemas económicos que tenía la Revolución Rusa. El Che puede tener razón en la medida en que al reintroducir la célula del capitalismo entonces todo se mercantiliza. Está bien, pero por otra parte resulta que de golpe, de la noche a la mañana, transformar a un campesino analfabeto en un farmer americano no funciona. Y ese era un cierto idealismo que el Che tuvo no solamente en relación a la experiencia rusa sino también con la experiencia cubana.

Demirdjian: Lo que pasa es que en el Che en particular iba acompañada de toda la idea del hombre nuevo.

Borón: Por supuesto… bueno, y es que Lenin también la tenía. No es cierto pensar que solamente el Che tenía esta idea del hombre nuevo. Fíjate vos, hay un texto clave en todo esto que se maneja muy poco, un texto de Lenin que creo es de 1919, que se llama Mensaje a las juventudes comunistas. Y él en ese texto básicamente prefigura lo que después cincuenta años más tarde el Che propondría como el hombre nuevo. El Che era un lector de todo esto, le da otra forma, y lo dice de una manera más poética, y además mucho más cercana a la experiencia histórica de América Latina. Pero eso ya estaba presente en el pensamiento de Lenin muy claramente. El Mensaje a las juventudes comunistas es un texto hermoso.

Demirdjian: Poco leído.

Borón: Muy poco leído.

Demirdjian: ¿Y en Mariátegui?

Borón: En Mariátegui hay algo, pero menos. Porque en el fondo Mariátegui estaba muy focalizado en recuperar los pueblos originarios como posibles actores de todo esto. Entonces el tema de la creación de un hombre nuevo no aparece. Por lo menos hasta donde yo sé. No soy un experto.

Demirdjian: Pero sí tenía una lectura de la Revolución Rusa.

Borón: Tenía una lectura de la Revolución Rusa muy favorable, y tenía una lectura de la sociedad latinoamericana. Y tenía una muy buena lectura, en la que se inspiró el Che, de las burguesías latinoamericanas. A mí me gusta mucho Mariátegui. Además porque él no repudia su formación europea. Fíjate que en los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana hace una nota de advertencia que es muy linda, donde dice muchos me critican por que estuve en Europa y aprendí, etc. Y él dice no reniego de todo lo que aprendí, pero lo vuelco críticamente para el análisis de nuestra América.

Demirdjian: Te hago una pregunta Atilio respecto del caso argentino en particular, en relación a la lectura sobre la Revolución, ¿qué autor?

Borón: ¿Acá en la Argentina? ¿Quiénes trabajaron esto? En general los teóricos vinculados al partido comunista. Agosti tiene sus contribuciones, Leonardo Paso también, y otros tantos.

Demirdjian: Y de ellos, ¿qué tomarías como central?

Borón: No mucho. Porque la verdad era el partido más pro-Soviético, entonces no había ningún elemento mínimamente crítico. Con Agosti probablemente sería el único con el que tal vez soy injusto. Pero inclusive mirando a un tipo tan inteligente como Rodney Arismendi en Uruguay, también tenía una visión apologética de la Revolución Rusa. Yo los entiendo porque probablemente yo en aquella época hubiera dicho lo mismo. Cuando vos tenés un monstruo como Hitler delante, aunque no sea lo mejor del mundo —la experiencia Soviética— salís a defenderla; y caes en una apologética muy fuerte. Lo mismo pasó en Chile, Volodia Teitelboim, por ejemplo, un gran intelectual, tenía una visión muy condescendiente.

Demirdjian: Y en relación a una cuestión de procesos políticos. Las relaciones América Latina-Unión Soviética, ¿cómo las periodizarías?

Borón: Hay una primera etapa que va hasta la gran depresión de los años ’30. La Argentina tuvo una relación muy fuerte. Fue uno de los países que primero y más se relacionó con la Unión Soviética. Sobre todo el gobierno de Hipólito Yrigoyen, en su segundo gobierno. Todo el acuerdo petrolífero con la Unión Soviética fue muy fuerte. México es otro país en donde hubo una relación muy estrecha. En menor medida en otros países. Luego viene un período en los años ’30, durante el auge de los fascismos, en donde esa relación prácticamente desaparece. Y luego viene la segunda Guerra Mundial en donde la Unión Soviética aparece bajo otro ropaje, en una alianza con Occidente para detener al fascismo. Y ahí un poco su imagen empieza a mejorar.

Demirdjian: ¿Y la relación con los gobiernos latinoamericanos? ¿Te parece que en algún momento estuvo signada por estos acontecimientos?

Borón: Sí, mucho. Definitivamente. En la Argentina, por ejemplo, fue muy claro. El golpe del ’43 de alguna manera es un golpe que tenía una intencionalidad no solamente de poner fin al régimen oligárquico sino también de hacer una apuesta en el contexto de la Segunda Guerra Mundial por el triunfo de Hitler. Y es lo que todo el mundo le critica al Grupo de Oficiales Unidos (Gou), donde estaba Perón. Y después, la Unión Soviética lo que hizo fue adoptar un esquema muy pragmático. La Unión Soviética después de la Segunda Guerra Mundial se relacionaba más con los gobiernos que con los partidos comunistas. Este es un dato decisivo. O sea, la idea de oro de Moscú no tiene mucho asidero. Muy poco de eso hubo efectivamente en la relación entre la Unión Soviética y los partidos comunistas de América Latina. Porque por razones obvias la Unión Soviética tenía que tener relaciones con gobiernos, no solamente con los partidos. Los tipos necesitaban por ejemplo alimentos. ¿Qué iban a hacer? ¿Negociar sólo con el Partido Comunista argentino? ¿Qué le daba? Tenía que negociar con el gobierno argentino. Negociar con Perón. Negociaron con los gobiernos brasileños también, con los gobiernos de México. Porque la Unión Soviética es un país que nunca pudo resolver el tema alimentario. Entonces venía a buscarlo acá. Y lo buscaba con los gobiernos no con los partidos. O sea, tenía una orientación muy pragmática. Ayudaban, dieron su apoyo —a los partidos comunistas—, pero la leyenda de que había un torrente de dinero que venía de Moscú hacia América Latina es eso, una leyenda que no tiene fundamento. Algo de ayuda vino, por supuesto. Pero yo te diría, comparando con el dinero que viene de Estados Unidos hoy para apoyar a los grupos de la derecha, a las ONG’s de derecha en América Latina, aquello era un arroyito, y esto otro es un torrente.

Demirdjian: Pensando un poco que recién hablábamos del Che, contábamos su lectura crítica sobre la experiencia soviética ya desde la época de la NEP, pero después el Che toma también otros rumbos y se radicaliza aún más, ¿no? Cuando él sale del gobierno. ¿Cuál crees qué es para vos el legado del Che en términos teóricos dentro de lo que es el pensamiento marxista? ¿Qué le aporta? ¿Qué le suma?

Borón: Yo creo que el legado del Che es primero la lucha contra una concepción economicista que en el marxismo era muy importante. El Che tiene una frase que yo cito mucho cuando dice que “el socialismo como mero método de redistribución económica no me interesa. Me interesa el socialismo como creación de un nuevo tipo de sociedad. Un nuevo conjunto de valores. Un hombre y una mujer nueva”. Primero entonces una lucha frontal en contra del reduccionismo economicista del marxismo que es muy importante. Y que todavía hoy es una tendencia muy fuerte en los movimientos de izquierda. Pensar que la construcción del socialismo es simplemente un tema de estatización del poder económico, por ejemplo. El Che estaba en contra de eso. El Che estaba por supuesto en contra de todo lo que significaba la mercantilización de la vida social. Pero hay un error cuando se lo considera a él como un teórico de los incentivos meramente políticos y espirituales y el abandono de los incentivos materiales. Lo que él proponía era una formula mucho más flexible en donde, bueno, hay que combinar algunos de estos incentivos espirituales con algo de incentivos materiales. O sea, el Che no es que te decía que la gente tenía que hacer trabajo voluntario solamente por ideología, o matarse en el trabajo sólo por ideología. Decía que eso también tenía que tener una contraprestación material. Entonces esa es una segunda contribución. La tercera, muy importante, es la del internacionalismo. Él acentúa el internacionalismo que es característico del pensamiento marxista. Pero lo hace inclusive exigiendo de las potencias socialistas que existían en su tiempo un papel más activo en la lucha en favor de la independencia y autodeterminación nacional de los pueblos oprimidos. En el mensaje de la Tricontinental proponía que la Unión Soviética y China dejarán de discutir entre ellos y apoyaran más a los países del tercer mundo que luchaban por su liberación. Y esto es una innovación muy importante. Y después una teorización muy fuerte, basada en la práctica, sobre los alcances, la intensidad, la profundidad, de la penetración imperialista en el tercer mundo. Y como el imperialismo había avanzado mucho en América Latina. Él dice algo muy interesante: “en América Latina el imperialismo tiene mucho para perder y poco para ganar. Y lo que lo diferencia de Asia es que en Asia tiene todo para ganar y poco para perder”.

Demirdjian: Sin embargo su lectura de la alianza para el progreso y toda esa avanzada norteamericana es muy crítica.

Borón: Tremendamente crítica. En realidad él se burlaba de eso que llamaba la “letrinización” de América Latina. Porque en la conferencia de Punta del Este lo que planteaban los expertos de la Alianza para el Progreso era armar una gran red cloacal en toda América Latina. El Che decía eso está muy bien, yo como médico no puedo no estar a favor de eso.

Demirdjian: Pero hay que apostar a otra cosa.

Borón: Claro. Necesitamos la industria. Necesitamos la reforma agraria. Más todo lo demás. Él era muy burlón como personaje, tremendamente hiriente. Por eso decía, de manera irónica, que para estos expertos con construir letrinas se resolvía el problema del subdesarrollo en América Latina. Yo creo que esa es otra de las innovaciones que él introduce en el pensamiento marxista. Toda esta reflexión sobre lo internacional y el imperialismo, la solidaridad internacional. Lo cual es un poco el reflejo de la Revolución Cubana porque Fidel está un poco en esa línea también.

Demirdjian: Y vos que hablaste mucho con Fidel, ¿cuál es la imagen que Fidel tiene del Che?

Borón: Él me decía que era un personaje tremendamente excepcional, que estar con el Che cuatro horas fue suficiente para darse cuenta que estaba en presencia de un tipo fuera de serie. Claro, Fidel tiene una capacidad de captación de personajes que era única. Porque también se dio cuenta de quién era Chávez cuando nosotros pensábamos que era un “gorila” venezolano. Pero volviendo, a Fidel le sorprendía mucho su integridad y su predisposición para la lucha hasta el final. Y sobre todo lo que le sorprendía mucho era lo que aprendió del arte militar, porque el Che no tenía noción anterior.

Demirdjian: Y respecto del Che como ministro, cuando ocupa cargos dentro del gobierno revolucionario, ¿qué lectura hacía Fidel?

Borón: Que estaba actuando muy bien, que era un tipo que se dedicaba 16 horas al día o más a trabajar en el Ministerio de Industria. E incluso, tanto es así, que Fidel se mete en los cursos que pide organizar el Che sobre El Capital, para el cual ellos traen a este profesor, Mansilla creo que se llamaba, de España. Y durante dos años se reunieron una vez por semana para discutir El Capital.

Demirdjian: Última, ¿la salida del Che de Cuba?

Borón: Consensuada con Fidel, absolutamente. El Che le había dicho a Fidel que una vez que la Revolución Cubana estuviera asentada él se iba a retirar. Él tenía la misión histórica de llevar esto al resto del mundo, fundamentalmente a América Latina, y a la Argentina.

Demirdjian: Muchas gracias, Atilio.

Borón: De nada.

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